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Fuerte de Buenos Aires 1829
Apreciaciones de un agente estadounidense sobre la Buenos Aires inmediatamente posterior a la Revolución del 25 de mayo de 1810:

"La costa sudoeste del Río de la Plata es tan baja que la ciudad apenas se ve desde las balizas, aunque la distancia no pasa de 8 millas (13 km.). Al acercarse a la costa la ciudad presenta un aspecto melancólico. Sólo vi una larga línea de casas bajas, de irregular construcción y, en el centro, un viejo fuerte de cuatro baluartes.

La orilla estaba cubierta de mujeres negras, lavando, y como el verano se hallaba en su mayor fuerza, el 15 de febrero (1810), mucha gente se estaba bañando; [...]Tomamos tierra sobre un muelle que se adelantaba hasta alguna distancia de la costa. Al llegar al fuerte, que incluye un edificio grande y pesado, antes residencia de los virreyes y ocupado ahora por el presidente de la Junta, tuve la agradable sorpresa de hallar frente a él una amplia y hermosa plaza dividida por una columnata, con tiendas a cada lado, opuesta a un edificio que más tarde supe era el cabildo o ayuntamiento. Las calles divergen desde este punto y se cortan en un ángulo recto, dividiendo la ciudad en grupos macizos de 150 yardas (137 m.) cada uno. Entre el Fuerte y la columnata, que se llama la Recova, había una cantidad de carretas cargadas de frutas y verduras. Del lado opuesto, varios chiquillos a caballo galopaban de una parte a la otra con sus tarros de leche, colgados sobre sus monturas. [...]No vi coches; carros de caballos y de bueyes cruzaban la plaza en diferentes direcciones.

Los primeros eran carros de dos ruedas tirados por dos caballos [...]
Pasé de la plaza a las calles, que tenían aceras para la comodidad de los peatones. Las casas están construidas con ladrillos y están bien edificadas. Algunas sólo con un piso bajo y grandes patios, pero generalmente con un piso alto sobre la planta baja. Todas tienen techos planos y parapetos, adornados con urnas, lo que les da un aspecto cuidado y causa gran impresión. [...]"
"...presencié un fenómeno cuyas singulares circunstancias me inducen a informar aquí sobre él. La atmósfera se oscureció de repente, y todos los indicios anunciaban una tormenta. Oyóse un estruendo y todos corrimos a la calle para ver de qué procedía: cuando, estupefacto, vi una columna de polvo más alta que las casas, y tan ancha como la calle, que avanzaba hacia nosotros con rapidez y precedida por remolinos de viento que levantaban las basuras y el polvo del aire. Apenas tuvimos tiempo de cerrar las puertas y ventanas, cuando pasó, oscureciendo el aire y forzando el polvo por las hendijas de puertas y ventanas, de manera de cubrir todas las mesas y los muebles. La atmósfera quedó de nuevo clara, pero el viento continuó soplando con gran violencia. [...] Al tercer día el viento, que hasta entonces había soplado del sureste, cambió al suroeste, y soplando con fuerza pronto despejó un cielo claro y hermoso, y en pocas horas las calles quedaron perfectamente secas.
"...el mate, así llamado por la calabaza en que esta bebida se presenta siempre. Es una infusión de hierba del Paraguay, que es de un gusto amargo y acre. Esta infusión es endulzada, y a veces se le agrega un poquito de canela y de corteza de limón. La calabaza, o mate, se coloca sobre un soporte de plata, y el líquido es absorbido a través de un tubo de plata, provisto en su extremidad inferior de un ensanchamiento globular, todo perforado por pequeños agujeros para evitar que alguna partícula de la hierba pase por él. El mate es el lujo de los ricos y el solaz de los pobres. Lo beben apenas se levantan de la cama por la mañana y después de la siesta, por la tarde, y a menudo se deleitan con él durante el día. [...]
Las calles de Buenos Aires por lo común están pavimentadas, y en el invierno se vuelven casi intransitables. Sin piedras ni madera para construirlas o arreglarlas, utilizan huesos u osamentas de animales para rellenar los pozos; el resultado puede imaginarse fácilmente. Los caminos que conducen a través de los suburbios de la ciudad son tan extremadamente malos, y las huellas tan hondas, que con gran dificultad puede guiarse un coche por ellos,..."
Bibliografía: "Diario de Viaje a Río de Janeiro, Buenos Aires y Chile. 1810-11", J. R . Poinsett

 

 

NOTA:

ELECCIÓN DE LA COSTA OCCIDENTAL PARA FUNDAR A BUENOS AIRES.

Don Diego de Mendoza se había adelantado por orden de su hermano a estudiar el Estuario del Plata para determinar cuál sería el punto más ventajoso para el asiento de la nueva colonia. Teniendo en vista las aproximaciones al Perú que buscaban, era evidente que ese punto debía ser fijado en la costa occidental del gran río. De modo que cuando don Pedro, siguiendo el derrotero de Solís y de Gabotto, echó anclas en las islas de San Gabriel, adoptó el acertado parecer de su hermano y atravesó a la costa occidental, donde el riacho que llamaron Riachuelo de los Navíos les proporcionaba un buen abrigo para los barcos, y al lado terreno a propósito donde tenerlos a la mano para acamparse quedando en comunicación expedita no sólo con España, por la mar, sino con los ríos interiores explorados por Gabotto, que eran la ruta que el Adelantado traía fija en su ánimo al ir a disputar a Pizarro y Almagro una grande y opulenta porción del país que habían conquistado.

13. CONDICIONES FÍSICAS DEL TERRENO. La perspectiva del terreno era bastante montuosa por su frente. En las cejas del gran río y sobre las barrancas formaba una zona extensa y enmarañada de robustos y altísimos algarrobos, talas, espinillos y acacias, que aglomerados unos con otros se extendían a lo largo desde Quilmes a San Fernando. El terreno y sus bosques estaban plagados de tigres tan bravos y tan celosos de sus dominios, que los soldados españoles no podían separarse del campamento sino en partidas armadas; lo que contribuyó mucho a las malísimas impresiones que el lugar produjo en las gentes de la expedición, según nos dice el padre Lozano.

14. OCUPACIÓN DEL TERRENO Y ASIENTO DEL REAL. Aunque no es posible aseverar de cierto cuál fue el día preciso en que Mendoza proclamara a son de clarines, como era de usanza entonces, que tomaba posesión del Río de la Plata a nombre del Rey de España, comparando datos puede creerse que fue el 6 de enero de 1536. Ocupaban el terreno dos razas de indígenas. Los guaraníes se extendían por la ribera, emparentados con los habitantes de las islas y tierras del Paraná y costas del Brasil. Hacia dentro, en las campañas, abiertas llamadas Pampas predominaba otro tipo, congénere de las razas del sur que se extendía hasta Chile con el nombre de Tuelches, Phuenches, Araucanos, conocidos por los Quichuas del Perú con el nombre general de QUIRA-AN-DIS; es decir ultramontanos. (Quira: del otro lado) (Andis: de los Andes).